
Si pudiésemos medir el tiempo en una forma diferente, en dónde no existieran los días,
ni los meses, ni los años.
Que solo existieran los instantes vivídos,
las miradas, las sonrisas, las ilusiones,
ese compartir diario con los demás, tal vez basándonos solo por el recuerdo del pasado, la experiencia del presente y la esperanza del mañana.
Que solo dependiera del color del mar, de la blanca arena y el calor de los rayos del sol en el verano.
De la enseñanza de las aves cuando estás tienen que migrar alzando su vuelo, desplegando sus alas y batiendolas en contra del viento.
De la suave brisa nocturna cuando al pasear por las calles dejaran miles de caricias sobre la piel.
De esa húmedad que se respira cuando la hierba del campo crece en primavera.
O si al pisar las hojas de los árboles que han caído nos hacen recordar que ha llegado el otoño.
Cuando miremos a las estrellas y veamos como se van alineado para formar miles de constelaciones.
Cuando las divagaciones de nuestros pensamientos dejen escapar cada una de esas palabras y congelen esas imágenes que trasmiten nuestros deseos.
Gaby